Una taza de café puede decir mucho de un destino. Habla del paisaje donde creció el grano, de recetas transmitidas entre generaciones y de pequeños rituales que forman parte de la vida cotidiana.
Con motivo del Día Internacional del Café, que se celebra cada 1 de octubre, Civitatis propone viajar entre aromas, sabores e historias para descubrir cómo esta bebida cambia de personalidad según el lugar donde se prepara.
El recorrido comienza en México y cruza América, África, Asia y Europa a través de nueve formas de entender el café.
México y América Latina, tierras cafeteras
En México, la primera parada es el café de olla, una preparación ligada a la canela, el piloncillo y la tradicional olla de barro. Veracruz, Puebla, Oaxaca y Guerrero figuran entre los estados productores y exportadores de café arábigo, mientras que el grano del Soconusco, en Chiapas, cuenta con denominación de origen protegida.
Más al sur, Colombia propone otro paisaje. El país es el tercer productor de café del mundo y el mayor productor de café suave. En el Eje Cafetero, particularmente en Quindío, las plantaciones permiten acercarse al cultivo y conocer un café 100% arábigo caracterizado por su aroma, acidez y cuerpo medio.
Brasil ofrece una experiencia distinta con el cafezinho, una bebida intensa preparada al momento y servida en una taza pequeña. Los granos arábigo y robusta llegaron al país durante el siglo XVIII y, desde entonces, el café se incorporó a la vida cotidiana brasileña.
En Jamaica, las Blue Mountains dan nombre a uno de los cafés más reconocidos del mundo. Sus cafetos crecen entre 900 y 1,600 metros sobre el nivel del mar y producen una bebida de baja acidez, notas frutales y un ligero sabor a chocolate. Según la información de Civitatis, 75% de la producción arábiga jamaicana se exporta a Japón.

De Etiopía a Indonesia: historias alrededor del grano
Etiopía ocupa un lugar especial en la historia del café. En regiones como Yirgacheffe y Gedeo se cultivan granos conocidos por sus notas ácidas. El país conserva además una de las leyendas más difundidas sobre el origen de esta bebida: la del pastor Kaldi, quien habría observado que sus cabras ganaban energía después de comer determinados frutos rojos.
Indonesia suma una de las preparaciones más singulares del recorrido. El kopi luwak, o café de civeta, obtiene su nombre del pequeño mamífero que consume los frutos maduros del cafeto. Los granos pasan por su sistema digestivo y posteriormente son recolectados, lavados y tostados. Su exclusividad puede llevar el precio de una taza hasta los 75 dólares.
El viaje continúa en Yemen, concretamente en la ciudad de Moca. Entre los siglos XV y XVII fue un importante puerto exportador de café, conocido por un producto de sabor intenso, notas frutales y matices de chocolate. De ahí proviene el nombre que hoy identifica a una de las preparaciones más populares en cafeterías.

Italia y Kenia, dos formas de vivir el café
Italia no cultiva café, pero ha influido profundamente en la manera de prepararlo y beberlo. Ahí surgieron la cafetera moka y la máquina de espresso, además de rituales propios: cappuccino y latte macchiato suelen reservarse para la mañana, mientras que el espresso tradicionalmente se bebe de pie en la barra.
Venecia conserva uno de los espacios históricos vinculados con esta cultura: el Caffè Florian, en la Plaza de San Marcos, abierto desde 1720.
La última parada documentada lleva a Kenia. Su café, conocido como el “champagne de los cafés”, procede de la zona del Monte Kenia, donde el suelo volcánico, las lluvias y la altitud contribuyen a producir una bebida aromática y llena de matices.
En este Día Internacional del Café, la propuesta de Civitatis te invita a recorrer culturas, paisajes y tradiciones. Desde una olla de barro mexicana hasta un espresso tomado de pie en una barra italiana, cada destino ofrece una manera distinta de acercarse al café.
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