No hay altares cubiertos de cempasúchil ni calaveras de azúcar. En Chequia, la relación con quienes ya no están se expresa de otra manera: cementerios iluminados por miles de velas, flores de otoño, silencio y una arquitectura que desde hace siglos recuerda que la muerte también forma parte de la vida.
Cada 2 de noviembre, el país vive Dušičky, el Día de las Almas, una tradición en la que familias de distintas generaciones visitan los cementerios para limpiar las tumbas de sus antepasados, colocar flores y encender velas rojas dentro de recipientes de cristal.
Es la forma checa de dedicar un día a la memoria de los muertos. La celebración tiene un carácter íntimo y solemne: lejos del ambiente festivo que caracteriza algunas expresiones latinoamericanas, Dušičky se vive desde el recogimiento.
En cementerios como Olšany y Vyšehrad, en Praga, y en pequeñas necrópolis de las regiones de Bohemia y Moravia, las luces transforman los camposantos durante las noches de otoño.

Dušičky: recordar a través de la luz
El ritual convierte la visita al cementerio en un encuentro familiar con la memoria.
Las flores, el cuidado de las tumbas y las velas que permanecen encendidas forman parte de una tradición que CzechTourism presenta como un punto de encuentro cultural entre Chequia y América Latina: dos maneras distintas de mantener presente a quienes murieron.
Para un viajero mexicano o latinoamericano, vivir el Día de Muertos en Chequia permite descubrir una interpretación diferente de una inquietud compartida: cómo mantener el vínculo con quienes formaron parte de nuestra historia.
El recorrido puede continuar más allá de los cementerios. Chequia conserva espacios donde huesos, criptas y arquitectura religiosa se han convertido en testimonios históricos sobre la muerte y el paso del tiempo.

Kutná Hora y Brno: recorrer la memoria
Uno de los lugares más conocidos es el Osario de Sedlec, en la ciudad medieval de Kutná Hora, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La capilla gótica alberga los restos de más de 40,000 personas. Durante el siglo XIX, el ebanista František Rint dispuso los huesos para formar guirnaldas, el escudo de la familia Schwarzenberg y una gran araña que contiene cada tipo de hueso del cuerpo humano.
Kutná Hora se encuentra a 75 kilómetros de Praga y, según la información proporcionada por CzechTourism, puede alcanzarse en aproximadamente 50 minutos en tren.
Otra parada está en Brno, capital de Moravia. Bajo la iglesia de San Jacobo se encuentra el Osario de San Jacobo, considerado en el material turístico como el segundo osario subterráneo más grande de Europa.
Sus galerías albergan restos de más de 50,000 personas, asociados a diferentes periodos de epidemias y guerras. La visita incorpora iluminación tenue y una pieza musical creada específicamente para el recinto.
Brno también resguarda la Cripta de los Capuchinos, donde las condiciones naturales de ventilación y el microclima permitieron conservar cuerpos momificados de monjes y nobles de los siglos XVII y XVIII.
Para quien parte desde Praga, Brno se encuentra a unos 200 kilómetros, aproximadamente dos horas y media en automóvil, de acuerdo con la guía incluida en el material.
El Día de Muertos en Chequia propone así una experiencia muy distinta a la latinoamericana, pero construida alrededor de un elemento común: recordar.
Dušičky lo hace a través de pequeñas luces que llenan los cementerios cada 2 de noviembre; Kutná Hora y Brno, mediante espacios históricos donde la arquitectura, los restos humanos y la memoria conviven como recordatorio del paso del tiempo.
Para el viajero interesado en historia, patrimonio y turismo cultural, recorrer estos lugares durante el otoño ofrece otra manera de acercarse a las tradiciones que distintas sociedades han construido para mantener presentes a sus muertos.
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